Dieta Atlántica vs Dieta Mediterránea ¿cuáles son sus diferencias?

 

La Dieta Mediterránea es una pauta de alimentación saludable bien conocida por todos. De hecho, las propiedades beneficiosas que nos proporciona este tipo de alimentación, tan característica de nuestro país, hace que el concepto se haya extendido por todo el mundo como un modelo a seguir. Sin embargo, con los diferentes estudios que tenemos a nuestro alcance, estamos viendo una nueva variante, la Dieta Atlántica.

 

Pues bien, la Dieta Atlántica, como su nombre indica, es la alimentación que se sigue en los países bañados por el océano Atlántico. Entre ellos Portugal y también España. Y de Galicia viene precisamente esta reivindicación, hace unos años se constituyó la Fundación Dieta Atlántica y como una iniciativa promovida por la Universidad de Santiago de Compostela, para fomentar la investigación y la difusión de esta.

 

Los dos tipos de dietas tienen unas bases muy parecidas, las dos de carácter saludable. A modo de recordatorio, la Dieta Mediterránea  se basa en un alto consumo de cereales y legumbres, así como en verduras y hortalizas, lo que atribuye a la dieta energía, fibra y antioxidantes. A estos alimentos básicos, se añaden el aceite de oliva que aporta grasas saludables, junto a los frutos secos y al pescado azul. Las carnes blancas como fuentes de proteína de calidad y se permite el consumo de vino en cantidad moderada en las comidas.

 

La Dieta Atlántica se basa en el consumo de verduras y hortalizas, dándole más importancia a la fruta y a los alimentos proteicos que a los cereales. De esta manera tan simplificada, se opta más por el pescado y el marisco, y se desplazan un poco los alimentos ricos en hidratos de carbono, dándole preferencia al pan (integral) y a las patatas, más que a las legumbres. Asimismo, se da más importancia a los lácteos y sus derivados fermentados. De la misma manera, el pescado azul y el aceite de oliva serán la principal fuente de grasas saludables en esta dieta. En esta dieta las carnes rojas de calidad y bajas en grasa también tienen su hueco, aunque tomadas con moderación. Y no se recomienda el consumo de vino sino de agua como bebida principal.

 

En definitiva, las dos dietas son muy parecidas, igualmente saludables. La idea es coger lo mejor de cada una para elaborar la dieta que más nos convenga, con la misma base: abundantes verduras, hortalizas y fruta, moderado consumo de cereales, legumbres y tubérculos en cada comida. Así como el uso del aceite de oliva,  y el consumo de pescado, huevos y carnes magras. ¡Más variedad y nutrientes imposible! Ahora debemos ponerlo en práctica.