Los patés y el hierro

Alimentos ricos en hierro

El hierro es un mineral imprescindible para el buen funcionamiento del organismo, y es esencial en todas las etapas de la vida. Contribuye al funcionamiento normal: de la función cognitiva, del metabolismo energético, de la formación de glóbulos rojos y de hemoglobina, del transporte de oxígeno en el cuerpo, del funcionamiento del sistema inmunitario, y ayuda a disminuir el cansancio y la fatiga, entre otras.

Hay que saber distinguir los dos tipos de hierro que podemos encontrar. Por un lado, está el hierro llamado “hemo” procedente de los alimentos de origen animal que se asimila muy bien. Este, está presente en las carnes rojas (caballo, buey, potro…), en los moluscos (almejas, mejillones, berberechos…), en embutidos como la morcilla o el jamón serrano.

Por otro lado, se encuentra el hierro de los vegetales o llamado “no hemo” que nuestro organismo no aprovecha tan bien. Son ricos en este tipo de hierro las legumbres (especialmente las lentejas, los garbanzos y la soja), las espinacas, los frutos secos (como el pistacho) y algunas semillas como el sésamo. Aunque se puede potenciar su absorción tomando después de estos alimentos una fruta rica en vitamina C (naranja, tomate, fresas…).

En el hígado de los animales se almacenan las reservas de hierro del organismo, de aquí que consumir este alimento o sus derivados también es una buena fuente de este mineral, pero debemos hacer algunas apreciaciones nutricionales más, ya que debemos saber diferenciarlos, aunque los dos aportan mucha energía y grasas. Por un lado, tenemos el foie gras (hígado graso de pato o ganso) o el paté (que es el hígado de diferentes animales en forma de pasta que se puede untar). El primero aporta mucha más energía, el doble de grasas y casi 4 veces más de colesterol, por lo que se debe consumir con moderación y en cantidades moderadas.

Lo más importante es combinar estos alimentos de manera saludable para conseguir el aporte de hierro necesario, junto con los otros nutrientes y vitaminas necesarios para el funcionamiento correcto de nuestro organismo.