Los embutidos ibéricos

Los cerdos de raza ibérica, además de la alimentación a la que se someten a base de vegetales, el ejercicio que realizan es muy importante: fortalece sus músculos, hace que la grasa se infiltre en la carne y que se engorden de manera más lenta; y todas estas características provocan que su carne sea más sabrosa y jugosa, así como más saludable.

La carne de cerdo ibérico tiene unas características nutricionales especiales gracias a la composición de su grasa más saludable. En comparación a los cerdos de raza blanca criados intensivamente, la carne del cerdo ibérico tiene mayor proporción de los llamados ácidos grasos monoinsaturados, sobretodo de ácido oleico; para que nos entendamos, ésta es la grasa principal del aceite de oliva.  La carne de cerdo ibérico también es rica en ácidos grasos poliinsaturados, que son esenciales para nuestro organismo.  Y estas grasas “buenas” son líquidas a temperatura ambiente, pos eso es que los jamones y embutidos ibéricos pueden gotear. Por todo esto, las grasas del tipo saturado (“malas”), están presentes en menor proporción en la carne de cerdo ibérica.

En cuanto a la calidad de las proteínas de la carne, es alta en ambas razas. No hay que olvidar, que las partes magras del cerdo cómo el lomo, el solomillo, el jamón…, al contener poca grasa, son en ambos casos saludables, ricas en hierro y en vitaminas del grupo B. Así pues, es en el consumo de carne de cerdo en forma de embutidos, que contiene más grasas, cuando toma especial relevancia la raza y la cría del cerdo.

Los embutidos ibéricos pueden formar parte de una dieta equilibrada y variada, rica en verdura, fruta, cereales, pescado y aceite de oliva.